viernes, 7 de agosto de 2015

EL PODER Y SUS PERSPECTIVAS

Desde los principios de la humanidad, el poder, para bien o para mal ha sido el arma que empuña la justicia y el bien social, o, por el contrario, oprime a una nación con el único fin de obtener un bien propio. Uno de los grandes cuestionamientos es el deseo del poder, un factor indispensable en la interacción y comunicación del ser humano que proyecta, en todas las esferas del ser, su complejidad e influencia social.

Toda la humanidad, ha sido gobernada bajo lineamientos que para su bien o desgracia, han sido delegados en “el poder” que se le confiere a quien por imposición o elección, impera bajo su cobertura, movidos por la necesidad del reconocimiento social, estatus, adquisición de bienes, dominio y por qué no, bienestar social, entre muchos otros, han continuado una tradición de poder que permite ir identificando las diversas escalas en las que el ser humano se proyecta y decide continuar, promoviendo éste sentir como una medida única y satisfactoria de su realización y logro personal. Todos se denominan de distintas formas, desde conceptos políticos y religiosos, hasta de santería, delincuencia y patriarcado/matriarcado, en los juegos infantiles, todos están en la posición de asumir un rol de poder, el cual será ejercido desde las propias concepciones del ser.

Ante la realidad del poder, es esencial el sentido de la evolución, puesto que toca prever todos los movimientos; objetividad, ya que hay  estar pendiente de todos los ámbitos de la realidad en su conjunto; precaución, para no caer en la precipitación; paciencia, para saber esperar el cambio favorable que permita actuar, y por último, perseverancia, en el intento de mejorar, cada día, la propia capacidad de poder.

Entre las diferentes clases de poder que existen, destacaremos el poder natural que se encuentra en la nuestro ambiente u ecosistema; el poder físico que es representado mediante la fuerza de una persona hacia otra, pudiendo ocasionar desde lesiones corporales graves a leves, con el objetivo de obtener a cambio una conducta o tangible esperado;  el poder religioso mediante el cual, bajo amenaza de un cielo y un infierno dominan feligreses sin presentarles una verdad bíblica subyugándolos para continuar su soberanía; el poder psicológico, tan usado por toda la humanidad, para bien desde su aspecto personal midiendo competitividad y motivando al ser humano a escalar en su proyección diaria de metas establecidas que permitan una realización personal- profesional-sociofamiliar, así como el abuso emocional y psicológico al que son sometidas en su mayoría mujeres, infantes y abuelos para obtener la sumisión y el control de dichas vidas, para gratificación personal de sus propias necesidades; el poder político actualmente inserto en las relaciones de dominación, implica como objetivo básico de la organización la satisfacción de intereses comunes de la sociedad que poco garantiza un bienestar social al ser humano, sino hoy día, una competitividad por favorecer mi dominio y supremacía.

El poder en sí mismo no connota más que un significado, que se tergiversa al momento de ser empleado como arma contra el propio ser humano para esclavitud emocional, física, económica, espiritual política sin que, haya una retribución beneficiosa para las partes. El poder en sí mismo, es uno sólo, su uso es múltiple y fluctuará en presencia de su “amo” para ser ejercido por un bien común o un bien en sí mismo.



Poder debería ser una cátedra más que enseñe al ser humano a controlar su ambición al momento de poseerlo, sin que esto, dañe a terceros en el proceso de realizarlo día a día, poder de transformar, de unir, de generar cambios desde el individuo para la sociedad, siempre dando un legado positivo a otro, sin que sea una obligación sino una necesidad, de cambiar el sentir de “poder” por la de formar “poder”.

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