EL PODER Y SUS PERSPECTIVAS
Desde los principios de la humanidad, el poder, para bien o para mal ha
sido el arma que empuña la justicia y el bien social, o, por el contrario,
oprime a una nación con el único fin de obtener un bien propio. Uno de los
grandes cuestionamientos es el deseo del poder, un factor indispensable en la
interacción y comunicación del ser humano que proyecta, en todas las esferas
del ser, su complejidad e influencia social.
Toda la humanidad, ha sido gobernada bajo lineamientos que para su bien o
desgracia, han sido delegados en “el poder” que se le confiere a quien por
imposición o elección, impera bajo su cobertura, movidos por la necesidad del
reconocimiento social, estatus, adquisición de bienes, dominio y por qué no,
bienestar social, entre muchos otros, han continuado una tradición de poder que
permite ir identificando las diversas escalas en las que el ser humano se
proyecta y decide continuar, promoviendo éste sentir como una medida única y
satisfactoria de su realización y logro personal. Todos se denominan de
distintas formas, desde conceptos políticos y religiosos, hasta de santería,
delincuencia y patriarcado/matriarcado, en los juegos infantiles, todos están
en la posición de asumir un rol de poder, el cual será ejercido desde las
propias concepciones del ser.
Ante la realidad del poder, es esencial el sentido de la evolución, puesto que toca prever
todos los movimientos; objetividad,
ya que hay estar pendiente de todos los
ámbitos de la realidad en su conjunto; precaución,
para no caer en la precipitación; paciencia,
para saber esperar el cambio favorable que permita actuar, y por último, perseverancia, en el intento de
mejorar, cada día, la propia capacidad de poder.
Entre las diferentes clases de poder que existen, destacaremos el poder
natural que se encuentra en la nuestro ambiente u ecosistema; el poder físico
que es representado mediante la fuerza de una persona hacia otra, pudiendo
ocasionar desde lesiones corporales graves a leves, con el objetivo de obtener
a cambio una conducta o tangible esperado;
el poder religioso mediante el cual, bajo amenaza de un cielo y un
infierno dominan feligreses sin presentarles una verdad bíblica subyugándolos
para continuar su soberanía; el poder psicológico, tan usado por toda la
humanidad, para bien desde su aspecto personal midiendo competitividad y
motivando al ser humano a escalar en su proyección diaria de metas establecidas
que permitan una realización personal- profesional-sociofamiliar, así como el
abuso emocional y psicológico al que son sometidas en su mayoría mujeres,
infantes y abuelos para obtener la sumisión y el control de dichas vidas, para
gratificación personal de sus propias necesidades; el poder político
actualmente inserto en las relaciones de dominación, implica como objetivo
básico de la organización la satisfacción de intereses comunes de la sociedad
que poco garantiza un bienestar social al ser humano, sino hoy día, una
competitividad por favorecer mi dominio y supremacía.
El poder en sí mismo no connota más que un significado, que se tergiversa
al momento de ser empleado como arma contra el propio ser humano para esclavitud
emocional, física, económica, espiritual política sin que, haya una retribución
beneficiosa para las partes. El poder en sí mismo, es uno sólo, su uso es
múltiple y fluctuará en presencia de su “amo” para ser ejercido por un bien
común o un bien en sí mismo.
Poder debería ser una cátedra más que enseñe al ser humano a controlar su
ambición al momento de poseerlo, sin que esto, dañe a terceros en el proceso de
realizarlo día a día, poder de transformar, de unir, de generar cambios desde
el individuo para la sociedad, siempre dando un legado positivo a otro, sin que
sea una obligación sino una necesidad, de cambiar el sentir de “poder” por la
de formar “poder”.
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